Título Orig.:
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Dr.
Jekyll and Mr. Hyde
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Director:
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Rouben Mamoulian
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Música:
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Herman Hand, Rudolph G. Kopp, John Leipold, Ralph Rainger
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Guionista:
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Samuel Hoffenstein & Percy Heath (Novela: Robert Louis Stevenson)
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Categoría:
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Drama. Terror | Siglo XIX
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País:
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Estados Unidos
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Duración:
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98 min.
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Protagonistas:
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Fredric March, Miriam
Hopkins, Rose Hobart, Holmes
Herbert, Halliwel
Hobbes, Edgar
Norton,Tempe
Pigott
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Sinopsis:
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Ante un auditorio científico el doctor Henry Jekyll expone
su teoría de que el ser humano está dividido en dos personalidades, una
positiva y otra negativa, y que ambas se pueden separar, pero no logra
convencer a sus oyentes. Después de visitar a su prometida Muriel, y paseando
con su amigo el doctor Lanyonal que intenta convencer de que su idea es
viable, conoce a una joven artista de music-hall, Champagne Ivy. En su
laboratorio Jekyll experimenta con una droga y se transforma en el señor Hyde
y, bajo esta personalidad y por medio de amenazas, se convierte en amante de
Ivy...
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Casi desde que el cine existe, la Inglaterra victoriana (su
estricta escala social y sus aires a la vez majestuosos y macabros,
grandilocuentes y míseros), ha sido uno de los escenarios históricos y sociales a los que se han remitido infinidad
de directores americanos para quienes
independientemente de la historia que pusieran en imágenes, ese país y
esa época ofrecían multitud de posibilidades expresivas, tanto a nivel de
imagen como de contenido, también de un origen en qué verse reflejados, sobre
todo contando que la gran mayoría de la población de Estados Unidos, al menos
durante las cuatro primeras décadas del siglo, estaba formada por hombres y
mujeres de origen Inglés.
Si a esta nostalgia de la metrópoli y de su aire imperial le
añadimos el filón casi inagotable que suponía la literatura, el arte que mejor ha
sabido complementarse con el cine, es fácil de explicar el atractivo que novelas
que como “El extraño
caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” ejercieron sobre productores y
directores deseosos del éxito y por millones de espectadores que sin reticencias
de ningún tipo se identificaban y comprendían en pocos minutos de metraje los
mecanismos internos de las historias que veían en la pantalla.
Ambientada según la novela homónima de Robert Louis Stevenson (cuyas obras mayores fueron popularizadas
por el séptimo arte), en pleno Londres de finales del siglo XIX, "El hombre y el Monstruo" o “El extraño caso del Dr. Jekyll y
Mr. Hyde” narra la historia de un respetado
médico de la alta sociedad, obsesionado
como muchos de sus colegas de todos los tiempos, por la naturaleza mas
impenetrable del ser humano y sobre todo por lo que parece su natural inclinación hacia el mal. Mientras refugiado
en su soledad el doctor avanza cada vez más en sus investigaciones, su vida
real, la que refleja esa respetabilidad propia de la clase alta, transcurre en
completa y armónica melancolía entre las visitas de sus distinguidos pacientes,
los paseos con los hijos de estos y los escarceos amorosos siempre dentro los
límites marcados por los convencionalismos con su prometida.
Sin embargo bajo esta imagen de
normalidad, se esconde un ser torturado por la curiosidad que contra todo pronóstico, logra finalmente
elaborar una posición capaz de sintetizar la esencia de ese mal que pretende
destruir, como todo investigador que se precie, antes de dar a conocer al mundo
su portentoso descubrimiento, el Dr. Jekyll decide experimentarlo en sí mismo,
tras corridos los primeros momentos de decepción, el doctor comienza a sentirse
súbitamente aquejado de un rápido y devastador proceso de transformación, que
convierte al apacible profesional de la medicina, en una bestia sanguinaria y
carente de remordimientos, acaba de nacer Mr. Hyde, juego de palabras que
contiene una de las metáforas más brillantes tanto de la novela como de la
película, en Inglés el apellido del monstruo se pronuncia igual que el adjetivo
oculto y con él, el conflicto entre el bien y el mal llevada a su expresión
mas extrema. Durante su puesta de largo, ese nuevo hombre comete una serie de
atrocidades inexplicables a los ojos de la policía por carácter de un móvil, el
mal actúa por sí mismo y movido por su propia inercia.
Una vez recobrada su verdadera
identidad, el desdoblado Jekyll se
abandona en principio a su vanidad asombrado de sus logros científicos y
convencido de poder controlar el alcance de los mismos. Al igual que su ilustre
colega literario y cinematográfico el Dr. Frankenstein, Jekyll ha jugado a ser
Dios y ha perdido, su creación que no ha hecho sino desatar las fuerzas malignas
que todos llevamos dentro, se le ha escapado de las manos llevando a límites
insospechados la teoría Freudiana del desdoblamiento de la personalidad, un
éxito que lejos de su propio alcance en el terreno de la investigación supone
un camino sin retorno en los senderos del remordimiento y la locura.
A medida que el tiempo avanza, la
capacidad letal de su otro yo aumenta y amenaza con destruir todo lo que Jekyll
respeta y ama, lo que pone en marcha la doble lectura de la historia, por lo
que supone de subversión de un orden establecido que aunque injusto, conserva
unas mínimas normas de juego. Finalmente convencido de su derrota y del tremendo y desolador efecto de la misma,
Jekill se verá obligado a tomar la única y trágica decisión a la que él mismo
se ha forzado.
| Rouben Mamoulian |
Pese a ser recordado como un director
todo terreno capaz de satisfacer a los patrones más exigentes de la meca del
cine, dirigió con notable éxito melodramas para la Metro Goldwyn Mayer como
“La Reina cristina de Suecia” y películas
de aventuras como “El signo del zorro”
para la Fox. Rouben
Mamoulian compartía con sus coetáneos la fascinación -antes citada- por
la Inglaterra victoriana y el entusiasmo por la relativa de Stevenson, a la que supo sacar todo el partido
posible, en un momento en el que el casi
recién implantado cine sonoro ofrecía una ilimitada gama de posibilidades
técnicas. En su trabajo de adaptación Mamoulian no solo no se limitó a seguir
las líneas marcadas por el guion, sino que incluso a espaldas de los estudios
se dedicó con entusiasmo a introducir cuantos matices le permitían al original
literario y la versatilidad de su protagonista, un Fredric March, que tras haber hecho carrera en películas sin demasiada
importancia, vio como su caché ascendía como la espuma después de dar vida a este
ambiguo y doble personaje, en su composición del doctor, primero apacible y aburrido
y más tarde atormentado. March sentó las bases de un modelo de actuación que
sería casi dos décadas más tarde recordado como ejemplo a seguir en las clases
del alto estudio Neoyorquino y cuyo papel le valió el “Oscar a mejor actor”.
Quizá hoy “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” mantiene buena parte de su atractivo,
sobre todo gracias a su crispada violencia (mucho más temible en sus aspectos
psicológicos, que cuando estalla de forma evidente) y a la riqueza tanto
visual, como a sus efectos sonoros.
Información adicional:
Robert Louis Stevenson: http://en.wikipedia.org/wiki/Robert_Louis_Stevenson
Trastorno de identidad disociativo: http://es.wikipedia.org/wiki/Trastorno_de_identidad_disociativo























